Un virus democrático y democratizador

Tenía que llegar este virus, con su pandemia apocalíptica, para recordarnos a los seres humanos, que en materia de contagio, la democracia es lo que marca realmente el signo de los tiempos.

Ese ser tan diminuto del que no tenemos mayor certeza, nos dice que no va a respetar fronteras entre países, que no va fijarse si somos ricos o pobres, que no va a discriminar género, ni color de piel, ni edad. A todas y todos nos puede afectar, en forma directa y dramática llevándonos incluso a la muerte, o nos puede convertir en portadores para multiplicarlo entre seres queridos o personas con quienes tengamos un contacto aunque sea efímero. Nos dice sin reparo alguno que su acción contagiosa es de naturaleza bastante democrática.

El Dr. Benjamin Neuman, profesor de biología de la Universidad de Texas, en un artículo en el portal “The Conversation” lo advierte muy claro: “La enfermedad covid-19, causada por el SARS-CoV-2, se desarrolla como una infección en los pulmones y causa estragos en el sistema inmunitario que pueden provocar daño pulmonar a largo plazo o incluso causar la muerte del infectado.” Aunque es similar a otros coronavirus, el presente tiene características genéticas que juegan un rol relevante en la facilidad y la capacidad de infectar a las personas. Es decir, en ese voraz esfuerzo de contaminación generalizada es muy eficaz y eficiente.

De ahí que la respuesta de la humanidad y de todas las sociedades humanas, debe ser igualmente democrática y solidaria entre los países, entre las sociedades y comunidades, y desde luego, entre las personas. Sin embargo, hay líderes políticos como Donald Trump, que desde la sinrazón y el egoísmo, quieren llegar primero a algún tratamiento eficaz o a la obtención de una vacuna que inmunice, pensando solo en su país y en su reelección presidencial. Nadie pudo caracterizar mejor esta conducta infame que el filósofo y escritor francés, Albert Camus: “Lo peor de la peste no es que mata los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso.”

Los gobiernos y sus líderes políticos deben ser solidarios y justamente democráticos en la solución a esta inmensa crisis y sus prolongadas e inexorables secuelas. Son tiempos extraordinarios que demandan soluciones extraordinarias y no deben vacilar ni dudar en tomarlas.

Quizás hayan medidas drásticas que ya han tomado otros Estados (como China, por ejemplo), que anulan o restringen libertades básicas, que deben ser adoptadas porque mostraron que se obtienen buenos resultados para frenar el contagio. Sin embargo, en perspectiva tales medidas debe garantizarse que las medidas son reversibles una vez que se supere la crisis actual.

Si algo requieren los Estados y gobiernos hoy para enfrentar a este contagio nivelador, es dinero para administrarlo, justa y eficientemente. Ya hablaremos sobre este crucial tema en un próximo artículo. Ese recurso se requiere primero para atender a las personas contagiadas, para reducir el riesgo de contagio y para dar respuesta a las necesidades en bienes alimentarios y servicios básicos, priorizando a las personas y grupos más necesitados.

Para atender a las personas enfermas se requiere crear las mejores condiciones para recibirles en hospitales y centros especializados. Y eso incluye, en primer lugar, dotar el equipo necesario (batas de protección, mascarillas N95, guantes, entre otros implementos) a las y los médicos que están en esa heroica primera fila, junto con el personal sanitario de apoyo.

Se requieren instrumentos de prueba para detectar el Covid-19 a tiempo. Es urgente que el país se dote del mayor número de ellos lo antes posible y aplicarlos de inmediato, como bien lo hizo Corea del Sur, alcanzando buenos resultados en reducir y detener la propagación de la epidemia. De la misma manera, se requiere que la CCSS se dote del mayor número de respiradores, que son claves para salvar vidas de personas infectadas. Ahora mismo se ha vuelto complicado porque hay Estados poderosos utilizando todo tipo de métodos –incluso éticamente inaceptables–para acaparar este tipo de equipos, pero la Caja debe hacer el mayor esfuerzo para adquirirlos. Por otra parte, ojalá que las iniciativas de nuestras universidades públicas (UCR y TEC), alcancen buenos resultados en la fabricación inmediata de ese tipo de respiradores, con lo que se podrán salvar muchas vidas.

Tenemos la certeza que sólo la solidaridad y el apoyo mutuo, base moral de una la democracia real y efectiva, serán capaces de contener y minimizar los estragos de hoy y mañana, que ya provoca y provocará por semanas y meses, este virus que nos viene a aleccionar sobre el valor de la democracia como no ha sido capaz ningún líder político en la historia de este país.

6 de abril del 2020

Luis Fernando Astorga Gatjens

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